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Es un trazo suelto, ligero, incluso despreocupado: la línea. Esta sigue su trayectoria, se enreda y parece un cometa volando en el cielo. Sin embargo, es atacado por varios pájaros que entran en un segundo plano a nivel del color, pero en un primer plano a nivel simbólico. Es un trazo que fácilmente se asocia con las ansias de la niñez, pero con los elementos simbólicos del adulto. Estas son las dualidades que refleja la obra de Alfredo Espinoza, quien entabla una conversación con la forma y los símbolos para provocarnos.

¿Qué es lo que provoca? Confusión, visión borrosa y en sus propias palabras el “no querer seguir observando” En los grabados encontramos un perfeccionamiento en el cuerpo, pero deformado y deformante. Cada parte del cuerpo alterada ya sea un rostro con tres ojos, la desproporcionada pierna o la belleza mas común de una muñeca es el medio por el que nos devuelve la mirada. Estos grabados son un juego de espejos en donde explora de manera intima lo que significa a nivel personal la deformación, pero que esta no existe a menos que alguien externo la clasifique como tal. E aquí la paradoja, hay que observar la obra, para no querer volver a verla.

También en la pintura y en la fotografía reencontramos el tema del cuerpo, pero de manera mas ritualizada, que va del trazo pensado, reconfigurado y plasmado. Al trabajarse la imagen se van tomando las decisiones que impone el mismo proceso a posteriori. No obstante es en la fotografía en donde encontramos la unión de dos mundos. Por una parte, el que la imagen sea plana siempre le da ciertos limites, pero estos se transgreden por medio de los gestos de las pinceladas que se asumen al intervenir con tonos de color y luz.

Los procesos de producción cuando son tan íntimos como lo son en estos trabajos son difíciles de expresar con palabras. De igual manera, me parece justo decir que así como encontramos una reflexión constante sobre nuestros propios demonios a través de la obra en grabado, foto, dibujo y pintura; es en el primero en donde revela de manera clara la intensionalidad del artista. Esto radica no en la perfecta técnica, sino en la intensidad del tratamiento conceptual y como este queda evidenciado en forma, en gesto, en color o en su ausencia. Estas piezas son una invitación desde lo mas intimo que un artista puede compartir: sus propios monstruos.


Ciudad Juárez, Chihuahua

A 6 de Abril, 2011

Ma. Eugenia Hernández